Casi al final del verano llegamos a Jujuy buscando descanso y conexión con el paisaje norteño, un territorio lleno de costumbres, colores y nostalgias. Fue un viaje especial por la presencia silenciosa de Alicia, acompañándonos desde la distancia infinita.
Sol, Clau, Ale y yo... recorrimos los cerros y valles de la Quebrada de Humahuaca, disfrutando esos momentos únicos que sólo se comparten entre amigas: mates con tortillas norteñas, música en la ruta, largas charlas y silencios donde todo decanta.

El viaje incluyó visitas a comunidades de artesanos y sus entornos. En Volcán nos reencontramos con Aurelia, una querida artesana que continúa renovando sus textiles y diseños. En Purmamarca visitamos a Miguel en “Llama Negra”, una tienda de textiles con piezas únicas. En Tilcara, estuvimos con Liliana para contarnos sobre el proyecto “Red Puna” y fuimos a la tienda “Puyo”. En Uquia, recorrimos el galpón de la cooperativa Sasakuy, con ponchos típicos. En Huacalera, fuimos al paseo de los artesanos -lindero al Trópico de Capricornio- y no nos resistimos a comprar las típicas piezas de cerámica de barro.

El paisaje nos regaló toda su intensidad: el cerro de los Siete Colores en Purmamarca, la Paleta del Pintor en Maimará, el Cerro Pollera de la Coya en Huacalera y las flores cosmos invadiendo los valles y bordeando la ruta con atardeceres que parecen detener el tiempo.

Fuimos a la Fiesta de la Vendimia en la Bodega El Bayeh donde Rocio Manzur y Maggie Cullen cantaron. Almorzamos en los Viñedos Yacoraite y cenamos en El Progreso, un restaurante de autor en Tilcara. Uno de los momentos más especiales fue visitar la histórica Posta de Hornillos, escenario del paso de Belgrano y otros protagonistas de nuestra historia, donde los textiles, utensilios y muebles coloniales se llevaron todas mis fotos.
Tuvimos tiempo para atravesar las salinas y llegar a San Francisco de Alfarcito, un pequeño paraje de la puna donde aún se preservan las tradiciones kollas, los tejidos de lana de llama y una forma de vida profundamente conectada con la tierra. Nos esperaban Anahi Alejo y las artesanas que se agrupan bajo el nombre de la flor El viscular, con sus llamas y los textiles tejidos en telares de cardón. Nunca había visto un telar con esos detalles. El cardón es un cactus impresionante que puede alcanzar hasta 15 metros de altura, actualmente regulado y solo se puede utilizar las especies muertas. Traje una nueva colección de ruanas en pura llana de llama que reflejan la belleza del entorno donde fueron creadas por estas maravillosas artesanas.

Volvimos a la Ciudad de Buenos Aires con la emoción del norte argentino que nos late en el alma. Elegí el título del blog “Por la Quebrada” en homenaje a la cueca popular que retrata el paisaje y la nostalgia de la Quebrada de Humahuaca y que canta “Me voy, me voy por la quebrada; la dulce prenda de mi alma, ¿qué dirá?”
