Estos rebozos están hechos en los pueblos de Caspalá y Valle Grande, en lo profundo de las Yungas jujeñas, donde las artesanas los tejen con hilos de lana de oveja y tintes naturales.
Cada uno es trabajado con paciencia en telares rústicos y decorada con delicados bordados a mano. Los diseños reflejan la naturaleza y la identidad de la región, con motivos florales y geométricos.
Más que prendas, los rebozos son símbolos de herencia y orgullo, transmitido de generación en generación.
